Hablar de la Torre del Gerro o del Cherro (Denia) como ruta no es exacto, pero quiero incluirla aquí por el valor sentimental y porque forma parte de mis rutinas cada vez que estoy en Denia, mi lugar en el Mediterráneo.

Esta torre vigía, que sirvió como defensa en el siglo XVI para prevenir los ataques constantes de los piratas berberiscos, está situada al final de Les Rotes. Tiene 13.5 metros de altura y forma circular con dos cuerpos superpuestos a los que se puede acceder, no sin cierta dificultad. Su nombre se debe a la forma de jarrón, bastante evidente por otro lado.

Torre del Gerro

Para llegar hasta ella puedes ir andando, es la mejor opción, o en coche hasta unos 300 metros antes. La carretera de acceso es bastante empinada y atraviesa toda la urbanización que se halla en esa montaña, hasta llegar por la calle Vía Láctea a un camino sin salida.

El que yo hago es un paseo corto- de unos 45 minutos- hasta llegar a la Torre y suelo hacerlo por las mañanas a primerísima hora cuando está amaneciendo. No hay mayor espectáculo en ese momento que el sol sobre el mar inundándolo todo. Aunque tampoco conviene despreciar los atardeceres con una mezcla de naranjas y amarillos que impiden quitar la vista hasta ver desaparecer el sol.

Si puedes quedarte un buen rato bajo la torre observando el horizonte, mejor. Incluso puede que coincidas con alguien que también lo tiene en sus hábitos o apareció allí por casualidad y te puedas echar una buena charla. Me ha ocurrido varias veces. En una de ellas, apareció un hombre de edad avanzada que llegaba algo angustiado, incluso desencajado. Nos preguntó si habíamos escuchado una especie de aullidos a lo lejos. Al decirle que no, se quedó algo más tranquilo pero quería hablar, decirnos algo. Y empezó a contarnos por qué había subido a la torre. Su motivo era un desahogo, un grito de rabia y tristeza por un perro. Los aullidos que tendríamos que haber escuchado, según él, era suyos. Él era quien aullaba en señal de duelo por el perro de su hijo que había sido sacrificado el día antes. ¿Extraño? ¿Un tipo raro? A mi no me lo pareció, más bien todo lo contrario. La conversación derivó por otros caminos y nos tuvo media hora distraídos hablando de lo divino y lo humano.

Viendo estas imágenes ya podréis suponer por qué subir hasta la Torre forma parte de mis rutinas cada vez que vuelvo por allí. Los ojos se pierden mirando lejos cuando, en los días claros, por ejemplo, se ven Ibiza y Formentera. Si vas hacia la parte trasera de la torre, verás el Montgó, tan majestuoso como siempre y con el que tengo una cita pendiente para mostraros una ruta hasta su cima. Pero eso será más adelante.

De momento os dejo con estas vistas.

¡Hasta la próxima!

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