Era el día después de San Blas, fiesta que se celebra en Mogarraz por todo lo alto con una procesión de bodega en bodega al ritmo de gaita y tamboril, cuando decidimos subir a la Peña Carbonera.

Permitidme aquí hacer un inciso sobre la celebración de San Blas, a quien se rinde homenaje el primer fin de semana de febrero. Merece la pena vivir esta fiesta, que organiza la Asociación Virgen de las Nieves, y que empieza a primeras horas del sábado recibiendo a los tamborileros que amenizarán toda la jornada. Cerca del mediodía, se procesiona al santo por las calles del pueblo-tras la celebración de la misa-y se termina en la Plaza Mayor del pueblo degustando el tradicional limón serrano. Lo mejor de esta fiesta, en mi opinión, viene después con otro tipo de procesión y que consiste en ir de bodega en bodega, comiendo y bebiendo como si no hubiera un mañana y bailando al ritmo de gaita y tamboril. Siempre llevamos el acompañamiento de una charanga que anima lo que no está escrito, pero se turna con los músicos tradicionales y sus charradas. Una conjunción perfecta. Conviene apuntar que lo que se come y bebe durante la procesión, corre por cuenta de cada bodeguero. Siempre me causó impresión tanta generosidad.

Ahora ya, continuo con la ruta a la Peña Carbonera.

La ruta parte del Portillo (1.242m) en La Alberca. Iniciamos la caminata hacia la Peña del Huevo (1.414m), primera parada obligatoria, aunque no podemos subir a ella debido a la niebla que ha humedecido la piedra y la ha convertido en una pista de patinaje. El trazado hasta allí es un camino forestal con matorrales y pinares que nos acompañan todo el camino. Merece la pena pararse y disfrutar de las vistas, que no defraudan.

La Peña de Francia o la Mesa del Francés se distinguen perfectamente.

Seguimos el camino hasta alcanzar nuestro objetivo, la Peña Carbonera (1.505m) donde nos espera un espectáculo de nubes absolutamente maravilloso. Momento de respirar y alucinar con esas vistas imprevisibles debido al mar de nubes que tenemos delante de nosotros.

La Peña Carbonera cuenta con un puesto de vigilancia contra incendios y es el mejor lugar para descansar e incluso comer admirando el paisaje.

Una vez renovados los sentidos, emprendemos el descenso por el mismo camino, un total de 10 kilómetros que no resultan cansados y te dejan como nueva.

Esta ruta la hemos hecho en otras ocasiones, pero en ninguna de ellas pudimos ver el espectáculo de nubes y la Peña del Huevo estaba en perfectas condiciones para ser subida.

Os dejo con el resumen que subí a mi Instagram.

¡Hasta la próxima!

4 comentarios

  1. Magnífico, como de costumbre. Si no te lo compra con todas las consecuencias esa Diputación que atiende tan acertadamente a los intereses de la provincia, pues no vuelvo a votar al PP, hala.

    Emilio de Miguel Martínez

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