FRAGAS DO EUME

Es agosto. La peor época del año, en mi opinión, para llevar a cabo cualquier viaje o ruta, como es el caso. Pero una vez asumido el riesgo, vamos allá.

Las Fragas do Eume está considerado el mejor bosque atlántico de toda Europa. Casi nada. Helechos, castaños, abedules, eucaliptos o robles inundan este lugar lleno de magia y que transcurre junto al río Eume. El nombre Fragas se refiere precisamente a eso, un bosque denso y plagado de todos estos ejemplares.

De todas las rutas posibles, elegimos una corta porque el tiempo del que disponemos no es el que quisiéramos. Nos decidimos por hacer la Senda da Ventureira de 6.5 kilómetros.

Senda da Ventureira

Siendo la época que es, el acceso al Parque está controlado y tenemos que dejar el coche en el aparcamiento que hay junto al Centro de Interpretación. Desde allí, sale cada hora un autobús (gratuito) que tras recorrer siete kilómetros nos deja junto al Puente Maria Cristina para iniciar la ruta. Es cierto que la mayoría de la gente que vino con nosotros en el autobús, optó por ir directamente al Monasterio de Caaveiro, que es el punto final de esta ruta, pero nosotros cogimos el sentido contrario. Nos adentramos por la vereda que va junto al Eume rodeada de altos ejemplares de castaños, abedules y helechos. Es un paseo más que agradecido porque no hace excesivo calor, es sombrío y no hay demasiado “tráfico”.

A medida que avanzamos comenzamos a cruzarnos con más gente, casi todos grupos reducidos. Como el caso de una pareja, Danny y Nina, de Suiza y Austria respectivamente, con los que me paré a charlar y grabarles para el podcast. Encantadores. Más adelante empezamos a divisar una hilera de senderistas que vemos venir de frente y con los que también hablé. Eran casi treinta y venían de la mano de una agencia de viajes llamada Arawak y desde toda España. Conseguí hablar, además, con el guía escoba que cerraba el grupo, Hugo Piñeiro. Lo podéis escuchar en el podcast dando todo tipo de explicaciones.

Había hambre porque se acercaba la hora de comer y no teníamos plan, es decir, no llevábamos los bocatas habituales porque nuestra intención de entrada era volver en el bus y comer en Pontedeume. Error. Bueno, más bien, cambio de planes. Cuando divisábamos el Monasterio de Caaveiro solo pensábamos en tomar algo que nos calmara la sed. Y cuál fue nuestra sorpresa cuando divisamos una terraza llena de gente comiendo y bebiendo como si estuvieran en el paraíso. Porque eso fue lo que nos pareció realmente. Un oasis en pleno desierto. ¿Quién nos iba a decir que en plena caminata íbamos a encontrar una taberna tan bien atendida, con gente tan amable y con una comida tan espectacular? Nadie. Allí sirven dos tipos de bocadillos y ya. ¿Para qué más? Las explicaciones me las dio Martín, el cocinero que no paraba de cortar pan, hacer tortillas y freir carne como si no hubiera un mañana y que podéis escuchar también en el podcast. La Taberna de Caaveiro está atendida por miembros de la misma familia y solo tengo buenas palabras para todos ellos.

Eso sí, antes de comer y mientras nos preparaban los bocatas, fuimos a ver el Monasterio. Y aquí, merece la pena detenernos. El Monasterio de Caaveiro data del año 934 y en él se refugiaron monjes anacoretas para llevar una vida contemplativa y dedicada a la oración. Y, aunque algunas de las edificaciones del Monasterio ya desaparecieron, las labores de rehabilitación que se han llevado a cabo en los últimos años han dado un resultado espectacular. La integración de los materiales-hierro, madera y piedra- con los restos originales han formado un conjunto arquitectónico que invita a recorrerlo con pausa y contemplación, tal y como era la vida allí en sus orígenes. Algunas salas se han rehabilitado para acoger documentos relevantes o a modo expositivo y, aunque nosotros hicimos la visita por nuestra cuenta, convendría contar con un guía que explique la historia con todo tipo de detalles.

La vuelta fue bajo la improvisación y, lo que en principio iba a ser una caminata de siete kilómetros, se transformó en otro paseo en autobús. Y, qué queréis que os diga, después de la comida fantástica en aquel escenario, no se me ocurría otra manera mejor de terminar la ruta.

En definitiva, un paseo maravilloso a pesar del gentío, que convendría repetir en pleno otoño.

Y aquí puedes escuchar el podcast que grabé durante la ruta y las conversaciones que mantuve con la pareja de senderistas, el guía local y el cocinero de la taberna, a quienes les agradezco infinito su participación.

También puedes ver el track de Wikiloc e, incluso, seguir mi cuenta para estar al tanto de las rutas.

Track de Wikiloc

Y, como siempre, el resumen que subo a mi perfil de Instagram:

GRACIAS por estar ahí y ¡hasta la próxima!

VÍA VERDE-COVA FOSCA

Sigo en Denia. Esta vez hemos elegido de manera improvisada una ruta cercana y muy sencilla. Además, queremos ir en bici por lo que elegir la Vía Verde es la mejor opción.

Inicio de la Vía Verde

La Vía Verde de Denia es un trazado rehabilitado sobre la antigua línea de ferrocarril que unió Denia con Gandía durante 90 años. Tiene un total de 6.5 kilómetros hasta la localidad de El Verger aunque, en nuestro caso, salimos desde Les Rotes, y sumamos un total de 30 kilómetros.

Es un camino sencillo que habitualmente utilizan paseantes y deportistas, apto para todo tipo de público.

Aunque hay algunos tramos de tierra, se ha asfaltado parte de la ruta que facilitan la caminata, y por supuesto el rodar con las bicicletas.

El paseo que transcurre entre campos de naranjos, huertas de particulares, almendros o diversas plantaciones de especies autóctonas como el pino carrasco o el roble valenciano.

Una vez que hemos alcanzado los 6.5 kilómetros y llegado a El Verger, atravesamos el pueblo y nos dirigimos hacia el cementerio. Pocos metros más allá vemos el inicio de la caminata que nos llevará hasta la Cova Fosca o Cueva Oscura, en plena Sierra Segaria.

La subida se hace rápido puesto que son apenas 500 metros. Nada más verte frente a la entrada sorprende la cantidad de graffitis que hay, una lástima porque es una manera bastante absurda de destrozar el lugar.

Aunque desde fuera la cueva parezca sencilla, es todo un espectáculo para aquellos que puedan entrar a ella. No fue nuestro caso, pero sí hemos visto imágenes de grupos de espeleólogos que han descendido por sus paredes y el resultado es espectacular. Os dejo este enlace para que le echéis un vistazo.

La cueva ha servido de cobijo para multitud de ocasiones y gentes. Desde el Neolítico, época en la que se utilizó como vivienda, los periodos íberos o romanos en los que se usó como santuario o más cercanos en el tiempo en los que sirvió a viajantes, pastores o comerciantes para sus labores.

Desde la entrada a la cueva se divisan todos los pueblos de alrededor: Ondara, Benimeli, Ráfol de Almunia, Pego, El Verger, Beniarbeig y Denia.

Hoy es un lugar para expertos en rápel o excursionistas. De hecho, coincidimos con un grupo de niños y niñas que la visitaron como actividad de campamento de verano.

Vistas desde la cueva

Os dejo el track de Wikiloc por si os interesa o queréis seguir mi perfil:

Y por último, el resumen que subo a mi perfil de Instagram:

Gracias por estar y ¡hasta la próxima!

RUTA DE LOS ACANTILADOS

El Mediterráneo siempre es un buen lugar al que volver. Nos acercamos desde Denia hasta Benitachell para hacer una ruta corta pero intensa de ida y vuelta y que nos llevará desde la cala del Moraig hasta la de Llebeig. Es un paisaje majestuoso que nos traslada hasta hace más de 15 millones de años, cuando la separación entre Europa y África dio lugar a la formación de grandes fallas que crearon enormes escalones.

Una de esas fallas es la de Moraig a la que se accede desde la propia cala.

Falla de Moraig

La ruta es un trazado de 4 kilómetros de ida y vuelta que parte del entorno de la Cala del Moraig, un lugar espectacular en el que darse un baño en sus aguas turquesas y no tan templadas como gran parte del Mediterráneo. La ruta está perfectamente indicada y transcurre por una senda estrecha de tierra que sube y baja de manera constante. No es especialmente dura, salvo si padeces de vértigo, aunque también hay tramos algo resbaladizos. Pero solo caminar bordeando el mar durante todo el trayecto ya merece la pena.

Llama la atención las constantes cuevas que nos encontramos en el camino. La Cova de los Morretes, la Cova del Ti Domingo l’Abiar, la Cova de Pepet el Morret, y la Cova del Morro del Bou. Unas cavidades excavadas en la roca a base de piedra seca y mortero que sirvieron de cobijo a pescadores y agricultores, incluidos los animales de carga o los contrabandistas que aguardaban la llegada de telas o tabaco . Las cuevas tenían distintas estructuras como hornos para hacer pan, la vivienda y un pesebre para los animales.

Aunque la ruta es corta, el sol aprieta y conviene hacer alguna parada para beber agua y coger aire en las pocas sombras que hay bajo las higueras o algarrobos. Los golpes de calor pueden ser traicioneros y es mejor tomárselo con calma y ganarse el baño en la cala Llebeig sin prisas.

Pausa en el camino

El descenso a la Cala de Llebeig es delicado. Terreno arenoso y resbaladizo en una pendiente pronunciada que conviene hacer sin prisas. Debajo, unas vistas maravillosas de la cala nos dan el empujón necesario para afrontar los últimos metros.

Cala de Llebeig

El baño es obligado aunque, he de decir, que la cala es más bonita desde las alturas. Eso sí, se agradece el agua más fresca de lo normal y el baño te deja como nueva. Apenas hay sombras a pie de playa y, si puedo recomendarte algo, es que te instales junto a las casetas de pescadores. Corre una brisilla que se agradece de qué manera.

Y aquí os dejo el podcast de la ruta:

Os enlazo el track de Wikiloc por si os interesa o queréis seguir mi perfil.

Y el vídeo resumen de la ruta que subo a mi perfil de Instagram:

MONT SALÈVE

Es mi cuarta vez en Ginebra. Viaje más o menos improvisado pero en el que queremos hacer alguna ruta cercana y sin dificultad (mi rodilla sigue de aquella manera). Por si no las has visto aún, te dejo aquí los enlaces a otras dos rutas hechas en Suiza hace un año: por un lado la subida al Aiguille du Midi y por otra el recorrido que hicimos por el Lago Oeschinensee, ambas espectaculares.

Aunque la mayoría de visitantes accede desde Ginebra, el Monte Salève se encuentra en Francia y es un clásico para los ginebrinos, uno de esos lugares a los que quien más quien menos ha ido alguna vez y lo incluye en sus rutinas excursionistas. Incluso los hay que lo tienen como una manera más de estar en forma ya que suben y bajan el monte como si cualquier cosa, algo que, después de haberlo pateado, me sigue costando creer.

Hay varias posibilidades de llegar a la cumbre del Salève (1.380m.) incluido el teleférico, desde la localidad de Veyrier. Esa opción no fue posible, aunque lo quisiéramos, al estar fuera de servicio por obras. Así que, una vez que fuimos desde Ginebra hasta Veyrier en el autobús urbano número 8, caminamos durante algunos minutos por carretera de asfalto hasta encontrar la desviación hacia la ruta que está perfectamente indicada a lo largo de todo el trayecto. Como curiosidad, cruzaremos el puesto de frontera que antiguamente separaba Francia de Suiza.

Mont Salève desde el pueblo

Ya en terreno francés y con calma, empezamos a caminar siguiendo las señales. Ibamos concienciados de que sería una subida constante hasta la cumbre, sin apenas tramos llanos. Aún así, nos encontramos algún trazado en los que respirar más tranquilos. Nos adentramos enseguida en el bosque. Un bosque dominado por las hayas, enormes y majestuosas. En cierto sentido, muy parecidos a los bosques que estamos acostumbrados a ver en España.

Prácticamente al inicio de la subida nuestra sorpresa fue encontrarnos un campo de golf en perfectas condiciones, tan bonito como exigente a juzgar por el diseño de sus hoyos.

 Golf & Country Club de Bossey

El suelo guarda aún restos de las hojas caídas en otoño que se han ido fundiendo con la tierra. Una tierra oscura y rica que garantiza, entre otras cosas, el mejor lugar para los hongos. El silencio que escuchamos solo se rompe con los cantos de los pájaros alborotados y con los pasos ligeros de algún senderista que nos adelanta a buen ritmo a pesar de lo empinado del trazado.

Una vez pasado el punto de información, empieza la subida seria. Conviene poner los cinco sentidos sobre el terreno porque cualquier descuido puede suponer un disgusto. Caminaremos al borde de algunos terraplenes por lo que, si padeces de vértigo, esta ruta no es para ti. Si no tienes bastones de apoyo, que fue nuestro caso por aquello de la improvisación, siempre puedes echar mano de ramas caídas de los árboles que se ajusten a tu estatura.

A mitad de la subida encontramos un rincón dedicado a una virgen con velas incluidas desde donde podemos divisar Ginebra.

Uno de los momentos más delicados es el el Gran Sendero del Desfiladero, un tramo vertiginoso donde hay que tener cuidado con las piedras que pisamos por si le caen a los que vienen detrás. Y menos mal que las partes más peligrosas cuentan con barandillas de hierro o cuerdas de acero a las que agarrarse. La placa que vemos en la zona, colocada en septiembre de 1948, dice que es un lugar mantenido desde 1868 por la sección genovesa del Club de Alpinismo suizo. Pincha en la foto para leer el texto completo.

Sorprende ver cómo nos adelantan algunos senderistas-deportistas que suben a buen ritmo, algunos corriendo, a pesar de la dificultad. Debe ser la costumbre.

Confesaré que había un motivo para hacer más llevadera la subida y era pensar que en la cima íbamos a dar cuenta de una buena hamburguesa con su correspondiente cerveza en el restaurante que allí se encuentra, L’Observatoire. Pero no caímos en la cuenta de que nuestro horario español no coincide con el suizo, y cuando quisimos llegar arriba (las 3 de la tarde) estaba cerrado el turno de comidas y nos conformamos con una tabla de quesos, siempre disponible en cualquier mesa suiza. Eso sí, con vistas al Mont Blanc.

Momento irremplazable

Conviene respirar en la explanada de la cima y contemplar Ginebra en toda su extensión por un lado, y el Mont Blanc y demás picos por otro.

Todo lo que sube, baja. Y, aunque estuvimos tentados de pedir que alguien nos devolviera en coche hasta Veyrier, osamos hacerlo por nuestra cuenta. La senda inicial es preciosa y caminas de hayedo en hayedo por sendas sombrías y silenciosas, a no ser por los pájaros que insisten en acompañarnos. Mi primera sorpresa, nada más iniciar el descenso fue encontrarnos con una pista de despegue de parapentes.

Pero se termina el dulce paseo por hayedos para afrontar el tramo más duro e interminable de la bajada, que finaliza con algunos trazados de escaleras infinitas. Se hace especialmente larga la bajada y conviene no desprenderse de los bastones en ningún momento. Me sigue fascinando el cruzarme con paisanos que tienen en este lugar su momento de ocio o paseo de sus perros como si tal cosa. también he leído comentarios a la ruta que la describen como “familiar” o ideal para hacer con niños. No salgo de mi asombro.

Como sabéis, no solo podéis leer y ver esta ruta, sino también escucharla con la serie Senderos.

Os dejo el enlace al track de Wikiloc por si os interesa o por si queréis suscribiros a mi perfil.

Track de wikiloc

Y aquí, el vídeo que subo a mi Instagram.

Soy periodista freelance y no cuento con el apoyo de grandes grupos mediáticos.Por eso me gustaría que compartieras este contenido con aquellas personas aficionadas al senderismo o que, por otra razón, pudieran estar interesadas en él. Por eso es importante que, si te gusta, lo compartas o me dejes algún comentario. Además, recuerda que puedes suscribirte aquí en mi web o en cualquiera de las plataformas de podcast para recibir el episodio nada más publicarlo.

¡Hasta la próxima!

HOYA MOROS

Era la segunda vez que volvíamos en apenas dos meses. En esta entrada te conté la primera. Y como nos quedamos con las ganas de llegar hasta los 2.000 metros, decidimos que era el momento de alcanzar Hoya Moros.

Aunque mi rodilla no se encontraba todavía recuperada del resbalón de aquella vez, sentí la necesidad de superar ese miedo a otra posible caída.

El pronóstico del tiempo hablaba de temperaturas que alcanzarían los 40 grados, algo inusual en primavera, pero que nos había dejado ya días de un calor intenso e impropio. Era el único temor que teníamos ante la ruta, para lo cual cargamos de agua congelada en nuestras mochilas, junto con el resto de aperos apropiados, e iniciamos la caminata.

Dejamos el coche en la Dehesa de Candelario después de sortear grandes baches y una polvareda importante a nuestro paso. Iniciamos el ascenso por una vereda estrecha, marcada y con una vegetación tan exhuberante como olorosa. Escobas con sus flores amarillas, piornos repletos de brotes y un color verde intenso ayudan a llevar mejor la subida.

Del calor anunciado, nada. Corrió cierta brisilla que nos ayudó a llevar mejor la caminata, porque de haber hecho las temperaturas previstas, la cosa habría sido muy distinta.

Finalizamos el primer tramo justo donde lo dejamos la vez anterior, algunos metros antes del refugio de Hoya Cuevas, a 1.850m. Tomamos un tentempié para afrontar la subida final y charlamos con Antonio y Ana, dos senderistas de Plasencia, habituales del lugar que tenían la intención de comer y echarse una buena siesta en las esterillas que llevaban ancladas en la mochila. Antonio me cuenta que prefiere esta zona a la Plataforma de Gredos y la Laguna Grande porque están masificados, la gente no tiene cuidado con las basuras y es fácil encontrarse restos de comida con todo lo que eso supone. Tras la charla, ellos siguen su camino y nosotros el nuestro.

Llegamos al Valle Glaciar de Hoya Moros envueltos en silencio y con un paisaje espectacular. El río Cuerpo de Hombre luce sus aguas cristalinas y heladas (lo comprobaríamos después) bajo la mirada de un entorno presidido por Los Hermanitos, dos montes graníticos similares a 2.322 m. junto con El Torreón, el Paso del Diablo o la Cumbre de Talamanca sobre la que se juntan tres provincias, Ávila, Salamanca y Cáceres. Más a la izquierda, el Canchal de la Ceja a 2.425m. y El Calvitero.

Comer admirando ese paisaje, escuchando los pájaros y el correr del río es un acto que debería ser sagrado. Y el colmo, meter los pies en esas aguas y sentir el dolor por los 13 grados que te recorren de arriba abajo. Eso es impagable.

Tras una pequeña siesta, iniciamos la bajada. Confesaré que me costó más y hubo momentos en los que debí jurar en arameo. No elegimos el camino fácil precisamente, y mi temor a otra posible caída (aunque esta vez no había hielo) hizo algo más complicado el camino. Bajamos paralelos al arroyo El Pulsero y-aunque en un principio, iríamos entre piornos y escobas- decidimos variar y desviarnos hacia la derecha por un tramo más inclinado pero menos invadido por la vegetación. La bajada finaliza en un pinar que te lleva hasta la carretera de tierra poniendo el punto final a la ruta.

Os dejo el enlace al podcast de la ruta. Comprobarás que hay algunos momentos(pocos, eso sí) en los que el aire de las alturas se cuela y dificulta un poquito la escucha, pero se entiende sin problema:

Este es el track de la ruta en Wikiloc. Si sueles usar esta aplicación, me gustaría que te suscribieras a mi perfil e, incluso, compartir información.

Track de la ruta en Wikiloc

Y ahora, como siempre, el vídeo que subo a mi perfil de Instagram:

MADROÑAL- CEPEDA

Ha sido nuestra primera ruta sin Jazz, nuestro Yorkshire que, desde hacía diez años, nos acompañaba a todas partes. A todas. De ahí que le hayamos dedicado este camino entre Madroñal y Cepeda en el que su espíritu ha ido a nuestro lado.

JAZZ

Estamos en pleno corazón de la Sierra de Francia. Se trata de una ruta circular de 8,8 kilómetros bien señalizada, sencilla y para realizar por niños y adultos. La mejor época para hacerla es el otoño, debido a que se trata de un sendero micológico y la variedad de hongos es espectacular. Además, podemos ver a lo largo del camino carteles con las explicaciones convenientes sobre cada una de las especies del lugar.

Iniciamos la ruta desde Madroñal, por un paisaje plagado de huertos con frutales donde predominan los cerezos y las viñas. Junto a algunas de estas huertas vemos pozos convenientemente vallados para impedir posibles caídas. Es triste, pero la maleza inunda algunas de las huertas, sobre todo las más alejadas del pueblo, lo que nos indica el abandono que sufren desde hace tiempo.

Pinos, castaños, robles, escobas, jaras y, por supuesto un maravilloso bosque de madroños nos esperan a lo largo del camino.

La primavera está en todo su esplendor y se nota, no solo en lo verde de la vegetación, sino en el cantar continuo de pájaros y revoloteo de mariposas que, no sé si milagrosamente, han vuelto a los campos.

Así llegamos a Cepeda, catalogado como uno de los Pueblos Mágicos de España. Recorremos sus calles con las construcciones típicas de la Sierra de Francia, donde abunda el entramado de madera en las fachadas. Nos dirigimos hacia la salida del pueblo y pasamos por la Fuente del Castañar, de estructura abovedada y que sirvió en su día como lavadero de ropa. Cuento más detalles en el podcast 🙂

La mayor parte de la ruta transcurre por una pista de tierra y es sombría, sobre todo cuando nos sumergimos en el bosque de madroños que, como cuento en el podcast, da la impresión de que nos vaya a salir detrás de un helecho el bandido Fendetestas.

Llegamos hasta el Puente de la Dehesa que atraviesa el arroyo de San Pedro del Coso. Se trata de una construcción de piedra, del siglo XVI sobre la que se apoya un roble centenario. Es un roble albar, una especie poco común en esta zona por ser de clima atlántico que, además, ha crecido junto a una de las paredes del puente a modo de contrafuerte, lo que ha ayudado a la conservación del mismo.

El paseo por el bosque se hace de lo más agradable debido a la sombra que nos dan los madroños, robles y castaños. Es un tramo sencillo que nos llevará hasta las huertas próximas a Madroñal. Las más cercanas al pueblo están cuidadas, pero no ocurre lo mismo con las más alejadas, donde la maleza ha crecido a su aire dejando bien claro que están abandonadas. Aquí ponemos el punto y final a este recorrido sencillo que os cuento en formato podcast y que os invito a escuchar como si fuéramos juntos caminando.

Si te apetece seguir el track de Wikiloc o, incluso, suscribirte a mi canal, aquí lo tienes:

Y como despedida, el reel que subo a mi Instagram:

VILLAR DE CORNEJA

Celebramos el Día de la Madre y del Trabajo con una ruta sencilla en un día espléndido con sol y buena temperatura. Elegimos Villar de Corneja, una pequeña localidad de la provincia de Ávila y perteneciente al partido judicial de Piedrahíta, que tiene un precioso paseo junto al río.

Río Corneja

Dejamos el coche a la entrada del pueblo, en la Plaza de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado, inaugurada en 2016 y cuya placa podemos leer en un monolito. Un vecino del pueblo con el que nos cruzamos, Félix Hernández, nos recomienda entusiasmado la ruta que vamos a hacer y nos asegura que veremos un puente romano, molinos, norias y una presa. Allá vamos.

El camino es de tierra, muy sencillo y transcurre entre encinas y carrascos. Una vez que llevas unos cuantos metros, veremos una bifurcación. Elegimos el camino de la derecha. Así llegamos hasta el primer molino. Varias construcciones ocupan el terreno que en su día llevó a cabo labores molineras, pero es una lástima que se encuentre abandonado, como todos los que después vimos a lo largo del camino.En una de las casas vemos una placa con una inscripción: “Aquí nació y vivió Cristina Martín Hernández, molinera de la máquina de fuego. Su pensamiento nunca se fue de este lugar y ahora su alma le acompaña desde el 25-12-2020. Siempre la recordaremos con amor y admiración. Y nuestras manos volverán a encontrarse”

Solemos hacer rutas tranquilas y no demasiado saturadas de gente, pero para sorpresa nuestra y como anécdota, os diré que en este molino me encontré con El Gran Wyoming y Arturo Vals que estaban en la zona intentando desconectar de su día a día. Lástima que se cruzaran conmigo- que procuro hablar con todo aquel que se cruza en el camino- y quisiera someterles a un tercer grado… De momento, os dejo con el testimonio gráfico.

El río Corneja está precioso y es una gozada caminar a su lado. Baja con buena corriente y sobre la superficie afloran ranúnculos de agua que veremos en todo el trayecto. Son esas florecillas blancas que inundan la superficie y son todo un espectáculo.

Llevamos algo más de cuatro kilómetros y buscamos una sombra para comer a gusto. Lo hacemos bajo unos álamos y chopos mirando el río y sentados en un muro de granito. Se trata de una noria. Estamos rodeados de estas construcciones y, solo a simple vista, contamos cinco. Son cilíndricas y a ellas se accede por una cuesta por la que subía la mula o el burro para hacer su trabajo dando vueltas y servir de riego a las huertas que estaban en la zona, hoy ya abandonadas.

Tras reponer fuerzas, iniciamos el regreso. Ponemos rumbo al Hocino, otro punto de interés en la ruta. No tiene pérdida porque está señalizado con hitos. El Hocino es un lugar curioso donde el río desaparece bajo las piedras a lo largo de unos cien metros. La causa de esta formación geológica puede deberse a un terremoto ocurrido hace unos millones de años que pudo haber provocado el desprendimiento de rocas que se habrían depositado en el fondo del valle, dejando huecos a través de los que se colaría el río, según leemos en el cartel colocado por el Club Berrocaminos.

Nuestro último objetivo es el Puente Romano conocido como el Puente de la Fonseca. El río baja con fuerza y es un gusto para la vista y el oído. Dicen que por este puente pasó, en su camino al Monasterio de Yuste, el rey Carlos V. Su estructura es tan simple como resistente ya que se apoya sobre una gran piedra de granito en forma de bola.

Y tras la visita al puente, toca regresar a por el coche. Os dejo el track de Wikiloc por si os interesa y si queréis suscribiros a mi perfil.

Y desde hoy tendrás las rutas también en formato podcast. Aquí podrás escuchar el primer episodio:

Os dejo como siempre con el vídeo que subo a mi Instagram:

¡Hasta la próxima!

LOS SANTOS- PARQUE DE GRANITO-SENDA DE LA MADERA

A punto de finalizar la Semana Santa volví a hacer una ruta sencilla y cercana a Salamanca. Se trata de un trazado circular de poco más de siete kilómetros, apto para toda la familia y que conviene hacer en otoño. Ahora os cuento por qué.

Castaños centenarios

Dejamos el coche aparcado junto al tanatorio de Los Santos, a la salida del pueblo. Es curioso, pero muchas rutas parten de los cementerios precisamente por encontrarse en las afueras. En esta parte de Los Santos están, a pocos metros de distancia, el colegio público, la residencia de mayores , el tanatorio y el cementerio, como un pasar de la vida.

Iniciamos la ruta por la carretera de asfalto que veis en la foto superior durante un rato hasta que, a mano derecha, ya empezamos a ver los castaños. El primer tramo transcurre entre decenas de estos árboles tan inmensos como maravillosos. Es el Sendero de la Madera, un pequeño paseo entre enormes troncos de castaños muy antiguos, unos huecos, otros formados por cientos de ramas y la mayoría con formas espectaculares.

Estamos a principios de la primavera y no se perciben brotes verdes en ninguna de sus ramas y el suelo todavía es una alfombra de hojas secas. Por eso os decía que este bosque hay que verlo en pleno otoño, el espectáculo está garantizado. Además de tener una gran envergadura, algunos están huecos por dentro, incluso permiten que te metas en ellos para contemplar su inmensidad. Ahora, como vayas con la intención de abrazar alguno, misión imposible. Tendrás que conformarte con algún que otro roble flaco que vemos junto a los castaños.

Es un paseo más que agradable que nos permite descubrir, no sin asombro, peonias silvestres a punto de abrirse y mostrar sus flores maravillosas, unas de mis favoritas. También encontramos algunas pequeñas esculturas de madera y hierro formando ramos de flores, por ejemplo.

Seguir la ruta no tiene pérdida porque está señalizada con pequeños postes de madera.

Abandonamos el bosque de castaños para caminar rumbo al Parque Temático de Granito, no sin antes pasar cerca de la antigua mina de wolframio cuya actividad es inexistente desde hace algunos años. Todavía se ven letreros que advierten de las voladuras que se llevaban a cabo en la zona, cuando la mina estaba a pleno rendimiento. No pudimos ver las huellas que, sobre el terreno, hizo la mina por estar demasiado lejos, pero es posible verlo desde otro punto distinto al que estábamos.

Continua la senda en un recorrido sin apenas sombras. Es preferible hacer esta ruta cuando el calor no aprieta , a no ser que no te importen las altas temperaturas o vayas bien provisto de agua.

Nos dirigimos hacia el pueblo bajo el repiqueo de las campanas de la iglesia que llaman a sus feligreses durante cerca de media hora. Extrañados por las campanadas tan largas, llegamos a la conclusión de que es Domingo de Resurrección, de ahí la insistencia. Antes de llegar, dejamos Los Santos a un lado y tomamos un camino de tierra que nos dirige hacia el Parque Temático del Granito. Grandes bloques a nuestro paso nos dejan claro que en esta tierra van sobrados de este material y lo utilizan para todo tipo de construcciones. Luego lo veréis en casi todas las casas del pueblo.

Sorprende el lugar. Esos bloques inmensos formando figuras geométricas en un gran círculo te invitan a quedarte en silencio buscando alguna explicación. Y para sorpresa, la de encontrarme a una joven austriaca que llegó al lugar, se puso cómoda, extendió una tela en el suelo y empezó a doblarse y a realizar flexiones y ejercicios de todo tipo. Hablé con ella, Alena se llamaba. Me contó que estaba allí con “su familia” de Alicante pasando unos días de vacaciones. Le inspiraba el lugar y su idea era volver al amanecer, sentarse en medio del círculo y cargarse de energía proveniente de las piedras. Espero que lo hiciera.

Es una lástima que no encontráramos los paneles explicativos que había bajo una tenada contando la historia de la cantería, la construcción de las calzadas romanas y la moderna industria de extracción del granito, con una pequeña colección de herramientas. La tenada estaba, pero vacía.

Finalizamos con un café de sobremesa en Los Santos. A esas horas el pueblo estaba vacío pero se puede ver la construcción de sus casas impregnadas de granito.

Es una ruta entretenida y, además, cercana a Salamanca. Creo que puede ser una buena opción para esos días en los que no tienes un plan previsto e improvisas.

Os dejo el track de la ruta en Wikiloc:

Track de la ruta

Y, como despedida, el vídeo resumen de mi perfil en Instagram:

¡Hasta la próxima!

TORRE DEL GERRO

Hablar de la Torre del Gerro o del Cherro (Denia) como ruta no es exacto, pero quiero incluirla aquí por el valor sentimental y porque forma parte de mis rutinas cada vez que estoy en Denia, mi lugar en el Mediterráneo.

Esta torre vigía, que sirvió como defensa en el siglo XVI para prevenir los ataques constantes de los piratas berberiscos, está situada al final de Les Rotes. Tiene 13.5 metros de altura y forma circular con dos cuerpos superpuestos a los que se puede acceder, no sin cierta dificultad. Su nombre se debe a la forma de jarrón, bastante evidente por otro lado.

Torre del Gerro

Para llegar hasta ella puedes ir andando, es la mejor opción, o en coche hasta unos 300 metros antes. La carretera de acceso es bastante empinada y atraviesa toda la urbanización que se halla en esa montaña, hasta llegar por la calle Vía Láctea a un camino sin salida.

El que yo hago es un paseo corto- de unos 45 minutos- hasta llegar a la Torre y suelo hacerlo por las mañanas a primerísima hora cuando está amaneciendo. No hay mayor espectáculo en ese momento que el sol sobre el mar inundándolo todo. Aunque tampoco conviene despreciar los atardeceres con una mezcla de naranjas y amarillos que impiden quitar la vista hasta ver desaparecer el sol.

Si puedes quedarte un buen rato bajo la torre observando el horizonte, mejor. Incluso puede que coincidas con alguien que también lo tiene en sus hábitos o apareció allí por casualidad y te puedas echar una buena charla. Me ha ocurrido varias veces. En una de ellas, apareció un hombre de edad avanzada que llegaba algo angustiado, incluso desencajado. Nos preguntó si habíamos escuchado una especie de aullidos a lo lejos. Al decirle que no, se quedó algo más tranquilo pero quería hablar, decirnos algo. Y empezó a contarnos por qué había subido a la torre. Su motivo era un desahogo, un grito de rabia y tristeza por un perro. Los aullidos que tendríamos que haber escuchado, según él, era suyos. Él era quien aullaba en señal de duelo por el perro de su hijo que había sido sacrificado el día antes. ¿Extraño? ¿Un tipo raro? A mi no me lo pareció, más bien todo lo contrario. La conversación derivó por otros caminos y nos tuvo media hora distraídos hablando de lo divino y lo humano.

Viendo estas imágenes ya podréis suponer por qué subir hasta la Torre forma parte de mis rutinas cada vez que vuelvo por allí. Los ojos se pierden mirando lejos cuando, en los días claros, por ejemplo, se ven Ibiza y Formentera. Si vas hacia la parte trasera de la torre, verás el Montgó, tan majestuoso como siempre y con el que tengo una cita pendiente para mostraros una ruta hasta su cima. Pero eso será más adelante.

De momento os dejo con estas vistas.

¡Hasta la próxima!

SENDEROS, el podcast

Que cada cosa tiene su momento lo tengo claro desde hace ya bastante tiempo. Por eso es ahora, y no antes, cuando me lanzo con algo que me ronda la cabeza con más intensidad .

Hace algunos años ya quise hacer una serie de podcast, con el campo como protagonista, que no se logró. Pero ahora sí. Ahora es el momento de producir en formato podcast las rutas de senderismo, que publico en mi web desde hace tres meses. Lo que estás leyendo en este momento es la presentación de SENDEROS, un podcast narrado a pie de ruta, es decir, en tiempo real. Podrás escuchar no solo el trazado del camino y sus características, sino a senderistas que se crucen conmigo, gentes de los pueblos por los que pase o incluso animales que tengan algo que decir.

Si me sigues por Instagram, ya sabrás que en los stories cuento distintos momentos de cada ruta. Y, si estás suscrito a mi web, estarás al tanto de cada entrada que publico con información de la ruta, fotos, track de Wikiloc y vídeo resumen en formato de reel. Por eso ahora haré lo mismo pero, además, con audio. Cuántas veces me he cruzado con personas, ya sea en la ruta o en algún pueblo, con las que he compartido conversación y me he quedado con ganas de grabarles. Pues ahora tendrán su lugar en este podcast y formarán parte de cada ruta.

Será un podcast de carácter quincenal y podrás escucharlo en esta web y en plataformas como Ivoox, Spotify, Google Podcast y Apple Podcast.

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Soy periodista freelance y no cuento con el apoyo de grandes grupos mediáticos.Por eso me gustaría que compartieras el podcast con aquellas personas aficionadas al senderismo o que, por otra razón, pudieran estar interesadas en su escucha. Es importante que, si te gusta el contenido, lo compartas o me dejes algún comentario. Es la manera de que el podcast pueda crecer. Además, recuerda que puedes suscribirte aquí en mi web o en cualquiera de las plataformas de podcast para recibir el episodio nada más publicarlo.

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Mañana estreno el primer episodio. Ojalá os guste.

¡Gracias por estar!